Cuando el tiempo pase, Alberto Contador será recordado como uno de los mejores, si no el mejor corredor de los grandes tours de todos los tiempos. Enfocándose en lo mejor de su carrera, se reusa a dormir en la oscuridad. Sin embargo, siempre encuentra una nueva motivación para afrontar los nuevos retos y rivales.

El Giro d’Italia siempre ha tenido su sabor particular en lo que respecta a las Grandes Vueltas. En la tierra de la belleza y la pasión, donde la buena comida y el buen vino se valoran casi tanto como la ropa y los coches bellos, el Giro generalmente es personificado por la pasión de sus aficionados. Es una carrera que exalta la valentía y celebra al incansable —gana el Giro, y nunca volverás a pagar por una bebida—. Gana el Giro siendo italiano, y te convertirás en el héroe de una nación. Para Alberto Contador, sin embargo, el Giro fue la primera parte de un intento histórico de ganar dos Grandes Vueltas en un año. Comenzó a lo largo de la idílica costa del Mar de Liguria y culminó en las sombras de la espiralada Catedral de Milán, creando leyendas, aplastando ánimos y coronando un campeón en el camino. La última vez que Alberto agració al escalón superior del podio del Giro fue en 2008, y siete años más tarde, su determinación era más clara que nunca. Como uno de los corredores más grandes de Grandes Vueltas que ha visto el ciclismo, toda la presión de la historia descansaba sobre los hombros del hombre de Pinto.

Ganar una Gran Vuelta es un logro diferente al de cualquier otro deporte. Durante 23 días, los ciclistas deben operar y funcionar con un nivel de concentración y resolución que pocos poseen. No hay ni siquiera un solo respiro de la amenaza constante de ataques de los equipos rivales, la arremetida de las inclemencias del tiempo, o de las rigurosamente largas etapas. Incluso los “días libres” no son un gran descanso, ya que la gran mayoría de los ciclistas elijen salir a andar por tres o cuatro horas por temor a que el cuerpo se desactive luego de semejante esfuerzo físico constante. Las heridas se visten y se preparan para el siguiente día de castigo, los alimentos se consumen con utilitaria indiferencia, y los cuerpos reciben masajes y realineación para resistir otro día agotador en los pedales. Con este frenesí de actividad, Alberto Contador probó ante ciclistas y aficionados por igual, que él era indudablemente el ciclista más fuerte de la carrera.

Sin embargo, no era todo viento en popa. En medio de la carnicería de una devastadora semana inicial, Alberto fue al pavimento en un accidente a comienzo de la etapa, lesionando gravemente su hombro. Muchos creyeron que su búsqueda de un doblete en el Giro había terminado antes de siquiera comenzar, pero resultó ser que el hombro se le había dislocado brevemente antes de volver a su lugar por sí solo. Pero, como sabe cualquiera que se haya dislocado el hombro, el dolor simplemente no se va una vez que el brazo vuelve a su lugar. A esto hay que sumar la facilidad con la que puede volver a lesionarse, y la gran mayoría se mantendría alejado de la bici por alrededor de una semana. Alberto Contador, sin embargo, no es la mayoría de la gente. No ganas las tres Grandes Vueltas abandonando cuando las cosas se ponen difíciles. Muchos esperaban que abandonara la carrera. Para el tipo de ciclista que es Alberto, especialmente con su cacracterístico estilo de escalador pedaleando erguido sobre los pedales, un hombro debilitado podría haber desencadenado un desastre. Lo que muchos no esperaban, sin embargo, era que no simplemente volviera al día siguiente, sino que marcara su autoridad en una de las victorias más completas en una Gran Vuelta de los últimos tiempos.

EL ALBERTO QUE GANÓ EL GIRO DEL 2015, FUÉ EL QUE PARECÍA ESTAR LLENO DE ARENA PURA

Contador recogió el guante primero durante la larga contrarreloj induvidual de 59,4km —separándose casi tres minutos de su rival más cercano Fabio Aru—. Lo que siguió en los días posteriores fue una demostración de escalada de gran altura que no dejó muchas dudas de si Contador se había recuperado de su lesión. Abordo de su S-Works Tarmac con diseño personalizado, y enfrentando a un Equipo Astana fuerte y organizado, Alberto mostró su notable clase en la Etapa 16 cuando persiguió en solitario a un grupo liderado por Astana llegando al pie del ascenso del Mortirolo. Descontando un déficit de casi un minuto, Alberto se llevó el tercer puesto del día y se aseguró el vice en la jersey rosada.

En cada oportunidad, Alberto y su equipo Tinkoff-Saxo fueron puestos a prueba. A través de ascensos a montañas traicioneros y descensos aun más arriesgados, Alberto respondió con el tipo de calma mesurada que le ha dado varias Grandes Vueltas en el pasado. Y mientras sus nuevos zapatos S-Works 6 bailaron sobre sus pedales, vimos una versión de Alberto que fue diferente, y de alguna forma también lo mismo. Cuando antes su dominio en las montañas fue insuperable, el Alberto que ganó el Giro 2015 pareció estar impulsado por coraje puro. Las victorias en las Grandes Vueltas a menudo llegan con una dosis saludable de buena suerte. Sin embargo, para Alberto nada de eso pareció ayudar en su campaña. Y a pesar de esos infortunios, siguió marchando. De hecho, su determinación pareció más bien enforcarse más. El Alberto que ganó el Giro 2015 era una Alberto que tenía un asunto que arreglar en el podio. Su potencia en las montañas aun era algo para observar, pero la emoción y la motivación que lo parecía llevar era nueva. Corrió con la determinación de un campeón, demostrando que su estrella está lejos de apagarse.

El doblete en el Giro al final lo eludió, pero Alberto le recordó a muchos por qué sigue siendo una amenaza en cualquier carrera a la que se presente. Y mientras que una nueva ola de retadores están marcando su presencia, siete victorias en Grandes Vueltas en una carrera es algo que nunca se puede dejar de tomar en serio. Sería fácil para algunos ciclistas descansarse en una extensa y exitosa carrera, pero el Alberto Contador de hoy en día parece tener más hambre que nunca. Hay una resolución enfocada que parece colocarlo en un nuevo lugar en su historia. Una historia en la que, quizás, ganar significa más que antes, y en la que la motivación es impulsada simplemente por la pasión. Pero sin importar por qué está ahí, un Contador concentrado y en forma siempre es algo a observar.